La impresión más significativa que me quedó luego del primer visionado de Flow, fue la de una profunda y casi mística gratitud por estar vivo. Y es que la mayoría de las veces damos por sentado este excepcional privilegio. Toda esta ceguera existencial comienza cuando nos creemos ser el centro del universo y todo es visto con el filtro de nuestras precepciones y particularidades, pretendiendo que el universo nos debe algo, que nos merecemos todo y que usualmente lo contrastamos con la poca contribución que ofrecemos al mismo. No nos confundamos, estar vivos requiere un gasto importante de atención y sacrificio ya que la realidad es dura e inclemente. Y es esta situación de extrema urgencia vital la que incluso a veces nos aleja de nuestra propia percepción del sentido que tiene la vida misma.
La vida es complicada, eso lo sabemos todos, lo que no sabíamos es que esa complejidad podría ser traducida de una forma tan magistral al celuloide como lo ha hecho Flow en sus 90 minutos de metraje. Y no pasa precisamente porque Flow trata de acomplejar y enmarañar displicentemente sus temas y formas. De hecho ocurre todo lo contrario, Flow va desgarrando sutilmente las capas del artificio maniqueo de la sofisticación de nuestro pensamiento y percepciones. Flow usa a la fábula como instrumento narrativo de preferencia para contar su historia, ya que la fabula tiene la virtud de ser un ente puro, de aparente sencillez pero llena de enseñanzas universales y atemporales.
Flow es una demostración cinematográfica de humildad y sustancia que se comunica mediante un ejercicio de sensibilidad verdaderamente conmovedora. Tan solo hay en ella la pureza y la vitalidad existencial de la mano artesana dedicada a su arte sin cortapisas; ofreciendo generosa experiencias, imágenes, sonidos y sensaciones con una portentosa dignidad para con la especie animal. Cada animal tiene espacio y sentido para expresar su esencia vital. Son avatares que respiran, comen, se enojan y se asustan tal como lo harían sus hermanos de la realidad. Es esta familiaridad con la naturaleza de los entes vivos la que va adentrándose a las profundidades de nuestra alma humana y va derrumbando prejuicios y escepticismos con una candidez enternecedora. Flow nos mete en su barca y nos lleva en un viaje de conocimiento interno y externo. Un viaje cuyo destino final es admirar el núcleo desnudo de la esencia de todo lo que existe, de su totalidad inmanente, una totalidad que no se puede expresar, solamente se puede sentir..
Por eso no hay personajes humanos en Flow, el tenerlos convendría entrar en el marco humano centrista de la recurrencia de las explicaciones, de lo acomodaticio de la comunicación explicita que tanto inunda el entretenimiento moderno; y que es esta misma verborrea subyugante la que plaga todo espacio vital libre como un virus toxico y que no deja respiro para el desarrollo orgánico de los frutos de la sutileza, de los simbolismos, de las alegorías y los pequeños momentos de calidez y conexión con la significancia superior. Esto lo entiende Flow perfectamente y por eso se empeña en formar vínculos con el espectador, no como un embudo unidireccional por donde hacer el trasvase de la información a mansalva, sino que lo hace desde la retroalimentación activa con el espectador, planteando una comunicación al mismo nivel de importancia para que sea este quien le dote a la obra su propia significancia posterior.
En mi opinión, el tema principal de Flow es la propia existencia en movimiento, aquella que se expresa con o sin nosotros, aquella que en cinética infinita itera los ciclos de lo que se transforma y se adapta. Es la vida y la muerte como las dos caras de la misma esencia, dialogando entre ellas, mutando y originando siempre el mismo significado independientemente de actores y circunstancias; No hay verdades oportunistas, solo hay una verdad elemental: todo fluye y todo está conectado.
Flow es un viaje de introspección emocional hacia el valor inherente de la vida en su sentido más instintivo. El el desborde violento de las aguas que nos afrenta ante nuestra propia fragilidad, finitud y pequeñez. Flow también son los momentos de calma donde la vida se comunica, comparte y se apoya en su intento de encontrar un atisbo de certeza en la licuadora cósmica de incertidumbre de la que somos parte. Son estos momentos, tanto los convenientes como los que no, los que elevan el valor de la vida como el marco infinito de las experiencias dignas de ser vividas y celebradas.
Por eso agradezco estar vivo y haber experimentado Flow.